Morin Edgard
El Homo Sapiens Demens
El reinado de sapiens implica una masiva introducción del desorden en el mundo.
En todos estos rasgos, que tienen, por cierto, un origen homínico e incluso primático, pero que en los hombres con cerebro grande crecen, se intensifican, convergen y compiten, se observa que lo que caracteriza a sapiens no es una disminución de la afectividad en beneficio de la inteligencia sino, por el contrario, una verdadera erupción psicoafectiva e incluso, la aparición de la ubris, es decir, la desmesura.
Esta desmesura impregnará asimismo el terreno de las pasiones violentas, del asesinato, de la destrucción.
A partir de Neanderthal se multiplican, no sólo los asesinatos, sino las matanzas y carnicerías. Se puede suponer que el crecimiento demográfico de la especie, al multiplicar los contactos entre sus individuos y, por consiguiente, los conflictos y rivalidades entre grupos, multiplica las ocasiones conflictivas, los combates.
El homo sapiens se halla mucho más inclinado a los excesos que sus predecesores, y su reinado viene acompañado por un desbordamiento del onirismo, el eros, la afectividad y la violencia.
Pero a partir del momento en que nos introduzcamos en la era de las sociedades inestables, es decir, en la era histórica, veremos desencadenarse la ubris y el desorden, los antagonismos internos, las luchas por el poder, los conflictos exteriores, las destrucciones, suplicios, masacres y exterminios, hasta tal punto que el «ruido y la furia» constituyen uno de los más destacados rasgos de la historia humana.
Se trata de un ser con una afectividad intensa e inestable, que sonríe, ríe y llora, ansioso y angustiado, un ser egoísta, ebrio, estático, violento, furioso, amoroso, un ser invadido por la imaginación, un ser que conoce la existencia de la muerte y que no puede creer en ella, un ser que segrega la magia y el mito.....
Si queremos conocer -y comprender- al hombre (objeto de la antropología) tenemos que conocer y comprender los vínculos entre el hombre razonable (el sapiens) con el hombre loco (el demens), el hombre productor, el hombre técnico, el hombre constructor, el hombre ansioso, el hombre egoísta, el hombre en éxtasis, el hombre que canta y baila, el hombre inestable, el hombre subjetivo, el hombre imaginario, el hombre mitológico, el hombre en crisis, el hombre neurótico, el hombre erótico, el hombre úbrico, el hombre destructor, el hombre consciente, el hombre inconsciente, el hombre mágico, el hombre racional, en un rostro de múltiples caras en el que el homínido se transforma definitivamente en hombre.