Contratapa
Amo a San Martín
Fue un hombre que tuvo tanta claridad respecto de cuáles eran los objetivos de su sociedad, cuáles eran sus enemigos y enfiló tanta energía en contra de esos enemigos sin dejarse distraer: los evalúa, los mide, los acorrala, los cerca ideológicamente, políticamente, culturalmente, realiza un trabajo con las tropas …
[Uno de los sentidos] de recordar y comprender nuestra historia es hacer de las batallas pasadas el fondeadero de las presentes y, del ejemplo de sus líderes, nuestro ejemplo. Ellos pelearon cuando las circunstancias les fueron favorables y cuando no, cuando la correlación de fuerzas les fue adversa crearon las condiciones necesarias para el triunfo, con voluntad, preparación, consignas claras y unidad para la lucha.
"El capitalismo se presenta con el nombre artístico de Economía de Mercado (...) el imperialismo se llama globalización (...) las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de desarrollo, que es como llamar niños a los enanos (...) el oportunismo se llama pragmatismo (...) la traición se llama realismo (...) los pobres se llaman carentes, o carenciados, o personas de escasos recursos (...) el derecho del patrón a despedir al obrero sin indemnización ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral".
"Decimos que San Martín es nuestro contemporáneo porque los problemas básicos que enfrentó son parecidos a los que hoy, bajo distintas formas, la Argentina, y América Latina tienen todavía por delante y porque chocó con intereses y concepciones parecidos a los que siguen oponiéndose a los reclamos de hoy de independencia, libertad y justicia de nuestros pueblos".
Los conquistadores legitimaron sus invasiones mediante el llamado “Requerimiento” un texto escrito en latín que leían a los indígenas para instarlos a someterse religiosa, política, social y económicamente. El Discurso Teocrático de la colonia, la Ilustración de las repúblicas oligárquicas, el Liberalismo Romántico, el Positivismo racista y europeizante, el Populismo Neopositivista y últimamente el Neoliberalismo y la Posmodernidad Académica han sido otros tantos "requerimientos” dirigidos a los latinoamericanos para que, al mismo tiempo que los cuerpos y que los recursos naturales, entreguen las conciencias. Luis Britto García.
Se supone que no tenemos (o no teníamos) alternativas, como también se decía en aquellos tiempos [sanmartinianos]. En cada momento de la historia el dominador deja entender que no hay salidas, y así paraliza. Por eso son tan vigentes, tanto los mensajes como los hechos que nos transmite ese pasado.
El castigo por cada intento de transformación radical por parte de un país latinoamericano ha sido hasta ahora la intervención o el aislamiento. Quizá la integración sea la doctrina internacional que nos permita actuar como bloque contra todos los bloqueos.
Ya con las primeras letras comienza nuestro proceso de domesticación cultural. Dos cosas quedan instaladas en las mentes de nuestros niños a través de esos manuales: primero, fundamental, la superioridad del extranjero; segundo el concepto de que en esas carabelas llega la civilización y por lo tanto también la historia.
Los colonialistas europeos no eran menos poderosos que lo que es hoy el imperialismo yanqui y sin embargo los vencimos. Esa es la vigencia del mensaje sanmartiniano. La vigencia que tiene San Martín, hoy, es por su intransigencia ante el enemigo, por su vocación unitaria, su inquebrantable fe en ese pueblo en armas, al que le exigió todo y aun más, a cambio de la gloria.
Me preguntaba qué haría San Martín hoy. Es difícil pensar qué haría frente a esta realidad, a esta hegemonía tan terrible. Una hegemonía que se ejerce ideológicamente -además de utilizar el poder político, el poder económico y el poder legal-. Esto se da muy fuertemente a través de los medios de comunicación, que San Martín no conoció en la medida en que hoy nosotros los tenemos, con esta capacidad de penetración, con esta ideología remachada hasta el cansancio, esta convicción generada sobre nuestro pueblo de que no hay ideología y no hay historia, que se terminó la historia. Porque ellos han construido el eterno presente. Y ahora nosotros no vamos a salir nunca del eterno presente, que además se ha naturalizado. Han convertido las ciencias sociales, como la economía, en una ciencia natural y exacta que no ofrece variación y que disciplina al conjunto de la sociedad.
San Martín, como Bolívar y como Artigas, y también como Moreno, como Belgrano y como Castelli, fue partidario de seguir la lógica de la guerra hasta derrotar totalmente al enemigo. De eso se trataba el Plan Continental. Ningún compromiso intermedio era posible. Las organizaciones sociales tenemos la obligación de construir poder social, recuperar a la sociedad civil, fortalecer a la sociedad civil. Hoy está ese espacio. No vamos a ir a una guerra de guerrillas. Tenemos que ir a una guerra ideológica, una guerra de ideales, una guerra de convicción, una guerra de conocimientos, una guerra de poder, de poder político, de poder social, de poder económico.
Maffei
Hoy el enemigo -como bien dicen ustedes en el volante de convocatoria y como Bolívar planteó claramente- es Estados Unidos, es la plaga de nuestro pueblo. Se ha encargado de generar en nuestros pueblos este vasallaje, esta miseria, este miedo, esta exclusión.
“…la furia monárquica y restauradora arrasando con los movimientos democráticos…”.
Gresores Graciela
Así, la historia mitrista -y sus versiones remozadas que hoy dominan los ámbitos académicos argentinos- presenta a los insurgentes de Mayo no como revolucionarios, sino como el poder oficial desde el inicio, que luchaba contra la resistencia española.
En este mecanismo de inversión de roles, el estado criollo, legalmente constituido, derrota a los rebeldes peninsulares.
Recordemos las expresiones bolivarianas: "...resolvimos llevar la guerra a muerte perdonando solamente a los americanos, pues de otro modo era insuperable la ventaja de nuestros enemigos que a pretexto de titularnos insurgentes mataban a nuestros prisioneros... ¿tendrá esperanza la América de mejorar su suerte dependiendo de aquella Península? ¿Podrá argüírsele de criminal e insurgente en los esfuerzos que hace para recuperar la libertad?... Yo llenaré con gloria la carrera que he emprendido por la salud de mi patria, la felicidad de mis conciudadanos, o moriré en la demanda manifestando al orbe entero que no se desprecia y vilipendia impunemente a los americanos”.
Vale recordar, entonces, la crítica de Monteagudo en 1812: "sigamos con la máscara de Fernando VII dicen algunos: las circunstancias no permiten otra cosa”. ¡Oh circunstancias, cuándo dejaréis de ser el pretexto de tantos males! ... “ sería un insulto a la dignidad del pueblo americano el probar que debemos ser independientes".
Pero el tesoro de la libertad conquistada fue confiscado por las oligarquías americanas, que no necesitaron más que la emergencia del nuevo monstruo del imperialismo moderno, en el último tercio del siglo XIX, para asociarse vergonzosamente en el saqueo de las patrias hermanas.
"La Patria es la América", decía el Libertador Simón Bolívar, y afirmaba San Martín en los campos de Maipú, ante su ejército popular de criollos, negros e indios y desafiando las tropas del imperio más poderoso en ese momento: "La Patria existe, la Patria vencerá".